Que una persona no este orgullosa del trabajo que realiza, sucede como consecuencia de una mala supervisión y de una mala gestión de la organización, cuando estas últimas no se conciben en lo fundamental como funciones de apoyo al buen desempeño del trabajo, suelen suceder malos desempeños de maestros y búsqueda del cambio de su parte. Al contrario, si están orgullosos y se sienten importantes con lo que hacen, se esforzaran por quedarse y colaborar en el proceso de mejoramiento de la calidad, y al final del ciclo los maestros habrán aprendido mucho, quizás, más que todo lo que aprendieron en la escuela normal, aprovechando sus conocimientos y sus habilidades, incluso, las que no sabían que tenían.
La mala calidad no se debe a los maestros, sino al sistema con el que opera la escuela, pero, la solución si depende de los docentes (siempre y cuando este equipo sea capaz de modificar el sistema) encabezados por el director, dicha solución es modificar el modo de laborar y mejorar los procesos para alcanzar mejores resultados, atendiendo las necesidades de los beneficiarios. De este modo los participantes se desarrollan como personas, haciendo uso de su potencial al máximo, dando mayor importancia a lo que los participantes hagan con los medios y no a lo que los medios hagan con ellos, ya que, en la educación, muchas veces se le da más importancia a las cosas que a las personas para mejorar la calidad de la educación.
El mejoramiento efectivo genera una verdadera satisfacción en la vida, y la búsqueda de la calidad crea el espacio para que esto sea posible, y persigue hacerlo resaltando el compromiso, la responsabilidad y la solidaridad con los seres humanos. Cuando en las escuelas les permitan a los maestros desarrollarse como personas, entonces, se podrá realizar lo mismo con los alumnos, tomando en cuenta la formación de valores que podemos vivir al participar en el proceso de mejoramiento de la calidad. Tales valores son:
La identidad, en base a los derechos humanos fundamentales como el respeto y la dignidad, para lograrla se considera clave la existencia de oportunidades de al menos la participación creativa, la diversidad y la autoestima; la libertad, la responsabilidad y el respeto al bien común, que se da al otorgar el derecho de elegir, conociendo las consecuencias de la elección, para sí mismo y para los demás; la equidad y la justicia, consiste en brindar oportunidades iguales a todos, pero priorizar a quienes más la necesitan, en la vida cotidiana de la escuela; la solidaridad y el compromiso, sin la solidaridad no se puede iniciar el movimiento, porque la calidad está en el proceso, y en él participan todos, el compromiso es un supuesto de todo movimiento de mejoramiento de la calidad; y la congruencia, que cierra las anteriores.
Opinión:
Estoy de acuerdo con lo que dice Silvya Schmelkes en éste capítulo, en especial con la primera parte, donde menciona que el mal sistema de trabajo de una escuela hace que un maestro de calidad pierda el interés por el desempeño de sus alumnos y busque otras escuelas, ya que, nosotros como egresados de la normal llegaremos entusiasmados y con ganas de trabajar, pero si la escuela donde nos toque tiene una mal sistema de trabajo, todo se nos vendrá abajo.
Me gustaría que todas las escuelas iniciaran un movimiento hacia la calidad y que participen no solo los maestros y directores sino también los padres y personal que labora dentro de la institución lo hagan, para que, de éste modo, todos los actores escolares crezcan como personas y se enriquezcan de valores para la vida y mejoren la calidad de la sociedad en la cual se desenvuelven.
Pienso que al involucrarse con el proceso hacia la calidad si enriquece a las personas y hacen que se desarrollen como tal, pero opino que en la lectura están un poco exageradas las actitudes y valores que pueden adquirir al participar.
Referencia:
Schmelkes, Sylvia. (1995). Hacia una mejor calidad de nuestras escuelas, México: SEP (Biblioteca para la actualización del maestro).
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